Nos tocaba trabajar la expresión oral, y nos pusimos a ello desde casa. Se trataba de despertar y activar un poco la imaginación.

A partir de las palabras "ratón" y "chocolate" cada niño debía pensar y construir una historia, que tuviese introducción, nudo y desenlace, para seguir las normas narrativas. Y luego había que ser capaz de ponerlo en práctica oralmente, delante de una cámara de vídeo.

El resultado está a la vista.