Nuestro trabajo en el área de matemáticas muchas veces va más allá del lenguaje matemático árido y abstracto que mucha gente mayor recuerda de sus años escolares infantiles.

 Nuestras matemáticas están pensadas para tocar, cortar, estirar, medir, colocar, ordenar, jugar...

Al final también acabamos aterrizando en signos y números, en operaciones y cálculos mentales. Pero sólo después de pasar por un montón de actividades manipulativas, con objetos de la vida real, de los que tenemos en todas las casas, y no en los laboratorios de la universidad.

Así podemos ver la matemática como algo divertido, algo que nos atrae y nos gusta, que nos obliga a levantarnos de la silla y entrar en acción.